Las caretas a través de los tiempos

El procedimiento para la confección de las caretas en los primeros tiempos era tan sencillo, que todo joven hacía los esfuerzos necesarios para lograr la suya, sobre la base de las técnicas usuales.

Desde antes de la década de 1930, los niños y jóvenes frecuentaban las estribaciones al cauce del río Camú, específicamente por donde se hallaban los charcos denominados ¨La Bombita¨ y el ¨San Julián¨ en procura del barro o arcilla para confeccionar los moldes, luego procurar el papel de periódicos y almidón con la finalidad de hacer sus respectivas caretas. Lograda la obra deseada, sólo se necesitaba un poco de pintura, sobre todo de color rojo, y ahí se tenía un elemento importante para disfrazarse.

De esos primeros tiempos se recuerda la expresión facial que nos llegara desde España; líneas frías y rectas para una cara inofensiva, a la que se le insertaba como elemento nuestro ¨los ojos galanos¨, quizás en la búsqueda del criollismo o la real autenticidad.

Como aspecto sobresaliente de las características señaladas, cabe destacar la presencia perenne de dos cuernos ubicados en la parte superior de la careta; estos, en los primeros tiempos fueron muy largos, pero la necesidad de manejar con mayor facilidad las vejigas que llevaban los diablos cojuelos, se les fue acortando.

Fue en aquellos tiempos en que los moldes presentaban la misma figura, cuyos fundamentos quedaban plasmados en los rostros de animales de nuestro medio; así parecían las caras de chivo, el perro o la del cerdo, gato, la de pato y hasta la del gallo, todas con un elemento común venido de la tradición, la presencia de los dos cuernos.

Es a partir de los años de la década del 1950, cuando las caretas comienzan a variar; aunque fuera casi imperceptible en cuanto a la forma, los matices y el estilo, se notaba la firme decisión de querer mejorarlas, tomando en consideración los aspectos anteriormente mencionados.

Una parte en los cambios significativos en la careta de esos tiempos inició por la boca, cuando el ingenioso maestro Felipe Abreu, comenzó usando dientes de cartón, a la vez se introduce el movimiento mandibular como un verdadero impacto en las caretas.

Posteriormente comenzó a usarse dientes de madera, inquietud surgida del artista plástico Winston D´Oleo.

Luego surgieron los dientes naturales de los animales, específicamente de los porcinos y vacunos, y continúan los acrílicos y otro hasta llegar al uso de los hechos de fibra de vidrio, actitud que aún se mantiene con una rica variedad de forma re dimensionada con un elemento común, la presencia de dientes atroces por el tamaño y la anómala disposición de estos.

También ha habido cambios sustanciales en la parte correspondiente a la orbita ocular de la careta, se han visto ¨ojos brotados¨, animales saliendo de esa cavidad, y hasta luces intermitentes o emisores de destellos que han provocado verdaderos impacto en sus respectivos momentos.

En la actualidad cada careta corresponde a un conjunto de iniciativas surgidas de los aportes de los grupos, quienes presentan sus proyectos a los artistas y artesanos, que los interpretan y realizando con la vigilante observación de cada detalle. Así resultan verdaderas obras, que bien impresionan, sobre todo al presentar la recreación de la fealdad.

Tomado del libro ¨En las rutas del Carnaval Vegano¨ del Lic. Hugo Estrella.